La muerte y la decisión de viajar
Este artículo lo escribí hace 10 años. En ese momento tenía un blog de viajes y no imaginaba todo lo que pasaría en el medio. Entre otras cosas, me sacaron el estómago y falleció mi hermana. Todo mantiene una vigencia asombrosa.
Post original. Junio 2016.
Este post tiene tres caminos que se unen en el final. Tuve la necesidad de escribirlo porque cuesta mucho intentar hablarlo con alguien sin ser interrumpido por la sensibilidad que produce el tema. No nos gusta hablar de la muerte y para mí no deja de ser un tema como cualquier otro del que deberíamos hablar más seguido.¿Qué tiene que ver con los viajes? vas a tener que recorrer cada camino y llegar hasta el final…
Primero: la última lección.
Randy Pausch, profesor de Ciencias de la Computación en la Universidad Carnegie Mellon, fue invitado a participar de “La última lección”, una tradición de la universidad en la que distintos profesores eran convocados a responder una pregunta: si supieras que esta será la última conferencia de tu vida, ¿qué elegirías decir? En la mayoría de los casos era un ejercicio hipotético. En el suyo, no. Meses antes le habían diagnosticado un cáncer terminal, por lo que aquella charla terminó siendo, efectivamente, su última gran lección.
Cómo muchas otras veces, esto me habrá llegado por email y no me generó mucha expectativa. Pero luego de verla, esta vez, me clavó una espina que tardé en procesar.
Randy fue diagnosticado con Cáncer terminal de Pancreas, quedándole de 3 a 6 meses de vida. Habiendo pasado un mes desde la noticia, esto decía: Charla en YouTube.
En un pasaje de la charla Randy dice "Intento ponerme a mí mismo en una botella que algún día aparecerá en la playa para mis hijos". Por ese mismo objetivo de dejarles recuerdos imborrables, llevó al mayor Dylan (6) a nadar con delfines. Sabía que, con apenas 6 años, muy poco es lo que recordaría de él. Pero "nadar con delfines no es algo que olvidará fácilmente". Por eso llevó al segundo, Logan (3), a Disney y se encargó de «presentarle» a su héroe, Mickey. Pero lo más difícil fue con Chloe (1), la pequeña. Le grabó videos con mensajes tan claros como contundentes y llenos de amor paternal.
Como padre de 3 hijos que también soy, quizás esta parte explique por qué su charla me dejó pensando por varios días. Asumir que voy a morir en la vejez es un error. Quizás suceda mañana, en una semana, en un mes o en 30 años. No tengo la certeza de Randy (lamentablemente falleció al año siguiente de dar la charla) pero estoy intentando vivir como si fuera a morir pronto. Las cosas se ven desde otra perspectiva.
Segundo: una frase en el subte de París.
Una mañana en París, yendo de excursión con mi esposa Florencia, me encontré con la siguiente frase escrita en la pared del subte: "El día que estés listo para morir, vivirás por siempre".
La muerte ronda mi cabeza pero en forma positiva y esta frase ayudó a cerrar lo que estaba dando vueltas hace tiempo. No tuve la oportunidad de preguntarle a quien la escribió, pero la interpreto de la siguiente manera: a punto de cumplir 40 años yo ya estoy listo para morir. Tengo 3 hijos hermosos y una esposa grandiosa. Pude estudiar y trabajo hace 20 años en lo que me gusta. Disfruté y disfruto de mis padres. Veo a mis 2 hermanas disfrutar de sus familias. La vida ya me dió "todo". Sé que cuesta verlo de esta manera. Y creanme que me encantaría ver crecer a mis hijos, verlos terminar el colegio y si desean casarse estar ahí. Ojalá ver crecer a mis nietos. Pero el saldo en mi vida ya es acreedor. Y cada día que se sume a mi vida será un regalo. Estar listo para morir parece una locura, pero ahí leo lo positivo de la segunda parte de la frase: vivirás por siempre. Porque cada nuevo día que me quede, lo viviré con enorme gratitud. Ese "siempre" nadie lo sabe, pero más vale haber hecho todo lo que hubiese querido mientras pude.
Tercero: viajar.
A todos nos gusta viajar pero hay que resignar algo si no contás con el dinero para hacerlo. Por suerte mis necesidades básicas están cubiertas y puedo pensar en ello. Pero ni con el deseo ni la buena onda se logra. Hace unos años me enteré de un personaje llamado Dave Bruno que tomó la siguiente decisión "Por mi trigésimo séptimo cumpleaños, el 12 de noviembre de 2008 voy a reducir mis artículos personales a sólo 100 cosas. Voy a vivir por lo menos un año (si Dios quiere) manteniendo un inventario de sólo 100 objetos. Este reto me ayudará a poner las cosas en su lugar y también a explorar mi convicción de que algo puede ser bueno cuando se sirve de un propósito mayor que la mera posesión…"
Inspirado por la historia de Dave y tantos otros que piensan algo similar , hace unos años inicié un proceso de reducción de bienes materiales. Y finalmente forzamos el proceso al mudarnos a una casa 50% más chica que la anterior. Y dos tercios más chica de la que vivíamos antes de esa. De esta manera tuvimos que deshacernos de la mitad de muebles, la mitad de juguetes, de las cosas de la cocina, de lo que teníamos para "vestir" 3 baños. Hoy vivimos 5 personas en un casa de 70 mts. cuadrados. Tenemos un solo auto cuando por momentos pareciera que hagan falta dos. Al principio costó, por momentos fue incómodo y hoy estamos bien. Nuestro presupuesto se redujo considerablemente. Ya no tenemos jardinero, no tenemos mucama, gastamos la mitad o menos en luz, agua y gas. Y esos recursos, mientras se pueda, se destinan para viajar.
Este proceso de 5 años a la fecha es donde los tres caminos paralelos fueron convergiendo. Al menos en mi cabeza. Trato de vivir como si fuera a vivir poco tiempo más. Vivo menos apegado a lo material y cada año intento vivir con menos. La excepción: viajar. Hago cuanto puedo por viajar y ojalá cada día haga un poco más.
Al igual que Randy, intentaré dejar un recuerdo imborrable en el corazón de mis hijos. Y creo que nada que tenga que ver con lo material ellos lo recordarán de grandes. Pero sin dudas recordarán los viajes.
Este enero próximo viajaré con mi hijo mayor a Estados Unidos. El y yo. Solos. Es un regalo para El pero creo que seré yo el más beneficiado al tenerlo una semana «para mí solo». Hemos instaurado la regla familiar de que cuando cada uno de nuestros 3 hijos termine la primaria, hará un viaje con su padre o madre (según sexo del hijo viajero). Según el presupuesto, veremos el destino. Esto no es lo importante, sino un viaje donde se pueda, donde cada uno de ellos se sienta "hijo único" y 100% receptor de nuestra atención.
Aquí es donde se unen los tres caminos. Vamos a morir. No sabemos cuando. Por lo pronto vivamos como si fuera a suceder pronto. Y viajemos. No solo en familia. Además de nuestra pareja, viajemos individualmente con nuestro papá/mamá. O con nuestro abuelo/a. O con nuestros hijos. O con tu mejor amigo/a. O con tu ahijado/a. Sorprendé a tu abuela con un día a Colonia, Uruguay. Llevate a tu mamá un fin de semana a un hotel en Capital Federal. Vayan al teatro, a cenar. Llevate a tu papá a pescar a San Martin de los Andes. Invitá a alguien que esté solo a unirse a tu viaje familiar.
Me llevó un tiempo este proceso de cambio. Quizás esté equivocado. Quizás no. Pero escribirlo me ayuda a ordenarlo y transmitirlo a aquel que le sirva analizarlo.
Escribo esto en julio de 2026 y no sé lo que se viene.
Poco más de un año después, en 2017, un análisis genético confirma que tengo una mutación en el gen CDH1. Ese gen mutado incrementa las posibilidades hasta 80% de sufrir cáncer gástrico hereditario difuso. La cirugía preventiva es la única salida sugerida y que soluciona el tema. En agosto de 2017 me operan. Gastrectomía total. Desde ese momento vivo sin estómago.
Cuando releo el post ahora, casi diez años después, no puedo evitar la sensación rara de estar leyendo a alguien que sabía sin saber. La intuición de morir joven, que en 2016 sonaba a filosofía existencial o la crisis de los cuarenta, tenía debajo algo concreto. Un gen mutado. Una probabilidad real. Un cuerpo que estaba pidiendo que lo escucharan.
No creo en premoniciones. Creo que el cuerpo habla y que a veces uno lo escucha antes de entender. Lo que escribí en 2016 no era profecía. Era el cuerpo tratando de decirme algo que la genética iba a confirmar poco después.
Todo lo que me llevó a escribir aquel texto sigue en pie. El saldo sigue siendo acreedor. Los viajes son todavía más importantes que entonces, no menos. Y la idea de estar listo, la frase del subte, que sigue siendo la mejor que leí sobre esto, se volvió, después de la cirugía, algo menos hipotético. Un aprendizaje del cuerpo, no de la cabeza.
De todos los posts que escribí en aquellos años, este es el único que dejé fijado al iniciar el blog de viajes. Ahora entiendo por qué.